Heimdal, dios guardián en la mitología nórdica. Hijo de Odín y de nueve mujeres gigantes que lo nutrieron con sangre de jabalí (obra de Nils Blommér, 1845).


El crecimiento en riqueza económica solo está beneficiando a los que más tienen, en España la fortuna de tan sólo tres personas equivale ya a la riqueza del 30% más pobre del país, la súper concentración de riqueza amenaza la estabilidad y el crecimiento mundial, ocho personas concentran en sus manos el equivalente a la riqueza de otros 3.600 millones, o la riqueza solo está al servicio del 1%, son algunos de las afirmaciones, mensajes y conclusiones que se pueden leer de un tiempo a esta parte en casi todos los medios de comunicación.




La percepción e intuición general por parte de la sabiduría popular establece que la acumulación desproporcionada de riqueza por parte de un sector de la población es un juego de suma cero, es decir, es condición necesaria y suficiente para condenar al resto de la población a la pobreza y depauperización.

Por otro lado, la percepción mayoritaria de los países nórdicos es la de sociedades altamente intolerantes con respecto a elevadas concentraciones de riqueza por una minoría. La clave y objetivo es analizar si existe relación entre ambos fenómenos en estos países, es decir, si elevados niveles de concentración y acumulación de riqueza, presentan como condición necesaria y suficiente altos niveles de pobreza.

Antes de responder a esta pregunta, es necesario definir qué es riqueza y desigualdad en la riqueza. Uno de los principales problemas que pueden verse en reportajes de prensa, artículos e incluso en publicaciones de organizaciones oficiales, es una cierta confusión en torno a los distintos tipos de desigualdad. Es muy común ver cómo se confunde en un mismo informe o artículo métricas tan diferentes como por ejemplo desigualdad de la riqueza (patrimonio), de la renta (antes o después de impuestos), y del consumo (lo que verdaderamente se consume diariamente para vivir).

Medir la desigualdad de la distribución de la riqueza consiste en medir cuán desiguales son los patrimonios de los hogares y familias. La riqueza se define como el conjunto de activos financieros y reales que posee un hogar o persona (vivienda, locales comerciales, acciones de empresas, tierras, bonos soberanos, depósitos bancarios, etc.) valorados a precio de mercado. Y está en constante crecimiento, ya que la riqueza creada en el mundo se ha más que duplicado en menos de 13 años.




Cómo se reparte la tarta de la riqueza en terminos relativos no es extremadamente preocupante, aunque sí importante: la finalidad última de la riqueza (variable stock) es generar renta (variable flujo), por tanto, lo relevante es cómo se distribuye esa renta con la que generar bienestar a los ciudadanos. O dicho de otra manera, es la renta la que permite satisfacer las necesidades de las personas (alimentación, vestimenta, educación, etc.), por lo que la desigualdad de la riqueza no es la variable más relevante, sino una componente más a la hora de analizar los problemas de pobreza o falta de recursos suficientes en las sociedades modernas.


Estadísticas.

Uno de los informes más usados y destacados a la hora de evaluar la concentración de riqueza en el mundo, son las estimaciones realizadas en el informe Global Wealth DataBook de Credit Suisse. El informe básicamente realiza una medición de la distribución de riqueza entre los ciudadanos de cada país en términos netos, es decir, el valor de los activos (acciones, bonos, depósitos bancarios, vivienda, etc.) menos el de los pasivos (deudas hipotecarias, tarjetas de crédito, créditos estudiante) que acumulan los individuos en un determinado periodo.

Como se puede observar a continuación (Tabla 1-5, pag.16), la riqueza concentrada en 2010 por parte del Top 10% de la población en España es del 45%, valores similares a países como Finlandia y Holanda, aunque bastante inferiores a Noruega, Suecia y Dinamarca, con concentraciones de riqueza del 49.5%, 67% y 69.3%. O dicho de otra manera, los países nórdicos, modelos mundiales en políticas públicas sociales, presentan valores de concentración de la riqueza más elevados del mundo.




Siguiendo una metodología similar a Credit Suisse, la OCDE también proporciona en su informe Wealth Distribution Database la distribución neta de riqueza para hogares y familias. El informe también encuentra evidencia de fuertes concentraciones por parte de una minoría, y que siguen los mismos patrones anteriormente citados, con un 10% de familias concentrando el 43.4% de la riqueza de España, mientras que Finlandia, Noruega y Holanda presentan cifras de 45.03%, 50.09% y 59.58% respectivamente.




Si se analiza este fenomeno desde la perspectiva de acumulación de riqueza en la parte baja de la distribución, se puede confirmar que en las capas más humildes de la sociedad nórdica se produce el mismo patrón. España se encuentra por delante (incluso a Francia y Alemania) en acumulación de riqueza en la parte baja de la distribución, tanto en el bottom 20% (el 20% con menos propiedades) como en el bottom 60%. El caso de Dinamarca es llamativo, ya que indicaría que las familias tienen un patrimonio negativo como consecuencia de cargar con más deudas que activos.




El coeficiente de Gini es uno de los múltiples y más famosos indicadores que tratan de medir diferentes tipos de desigualdad entre países (un valor de cero significa máxima igualdad, mientras que un valor de 100 significa máxima desigualdad). Si se consulta el coeficiente de desigualdad Gini para la riqueza aportados tanto por Credit Suisse (Tabla 3-1, pags. 106-109), como por la comisión europea en su informe de 2013 correspondiente, se puede observar que los países nórdicos son sociedades mucho más tolerantes con la desigualdad en la riqueza con respecto a España.




A modo de contraste, el país de mayor desigualad GINI en la riqueza de toda la OCDE corresponde a Dinamarca, uno de los países más prosperos del mundo, pero cuyo coeficiente de Gini alcanza el 89.3%, en niveles similares a países no pertenecientes a la OCDE como Haití (91,7%), Kazajistán (89,2%), Namibia (92,5%) o Rwanda (89,4%).

Por el lado contrario, los países más igualitarios en concetración de la riqueza corresponden a Eslovaquia (49%), Eslovenia (58,50%), o Bielorrusia (62,20%). España, con un Gini de 68,0%, está situada en la posición 18º como país menos desigual de 174 países, cerca de Islandia (72,0%), aunque a una distancia notable de Finlandia (76,6%), Suecia (83,2%), Noruega (79,8%), Holanda (74,3%) y Dinamarca.





Causas para España.

¿Cual es la razón por la que España presenta cifras de sociedad más igualitaria en la riqueza con respecto a los países del Norte de Europa? Una posible causa se puede encontrar en trabajos como el realizado por Mathä, Porpiglia y Ziegelmeyer para el Banco Central Europeo, y en la que encuentran tres componentes que pueden explicar hasta el 56% de las diferencias en riqueza neta entre los países europeos en la zona media de la distribución: porcentaje de familias con vivienda en propiedad, revaloraciones históricas del precio de la vivienda, y transmisión intergeneracional (herencias y transmisiones). Kaas, Kocharkov y Preugschat encuentran conclusiones similares.




Estas tres razones pueden explicar la baja desigualdad en la riqueza para España, ya que no solo está a la cabeza de Europa con un 83% en familias propietarias (Finlandia 68%, Holanda 57%, Alemania 44%), sino que el patrimonio inmobiliario de las familias españolas en el bottom 30%, presenta contribuciones a su riqueza total muy superiores a los países del Centro y Norte de Europa.

Sin embargo el dato más relevante es que ser propietario de vivienda en España hace aumentar la riqueza neta mediana esperada en un 278%, más que ningún otro país analizado. O dicho de otra manera, las familias con menos riqueza en España tienen más vivienda en propiedad, y esta se revaloriza más que en ningún otro lugar en Europa, lo que reduce la desigualdad dentro del país, y por tanto, en la clasificación europea (HMR: Household Main Residence).




En términos generales, los drivers que explican la desigualdad en la riqueza son múltiples. Sebastian Leitner descompone algunos de los múltiples elementos que influyen sobre el GINI de riqueza con los que explicar las diferencias entre países europeos. Y como se ve a continuación, estas causas no atienden a explicaciones simples, sino multidimensionales y multidisciplinares.

Destacan las herencias y transmisiones (negocios, vivienda, etc.), nivel de renta (a mayor nivel de rentas, más capacidad para ahorrar), edad (cuanto más elevada, más tiempo para ahorrar y acumular), nivel educativo, estructura familiar (más unidades familiares trabajando implica mayor renta familiar), o estado civil, por citar solo algunos de los múltiples existentes.




A la vista de sus resultados, uno de los elementos que explica por qué España es uno de los países menos desiguales en la riqueza de toda Europa, es la componente relativa a herencias, transmisiones y donaciones, que contribuyen mucho menos que otros países. Una posible causa podría explicar este fenómeno es que España es el segundo país que más recauda en impuestos a las herencias de toda Europa con 0,6%, por delante de Dinamarca, Finlandia, Holanda o Suecia (fuente: Informe Comisión Europea).





La otra cara de la moneda.

Aunque casi toda la evidencia, estudios, análisis y comparativas que existe actualmente se centra en la desigualdad sobre la renta, la riqueza también tiene una dimensión crítica sobre el bienestar de las familias. Cómo está distribuida la riqueza es importante para, entre otros muchos aspectos, definir su patrimonio libre de deudas (equity), mobilidad intergeneracional (si los hijos viven mejor que los padres), crecimiento del sistema económico, o su robustez ante shocks y crisis económicas.

Si una cara de la moneda es la riqueza, la otra cara es la deuda, y en algunos países existen razones para estar preocupados por concentración de deuda, ya que esta típicamente se crea mediante créditos hipotecarios. Como ha ocurrido en la crisis financiera de 2008, el sobre endeudamiento puede poner a las familias en riesgo si se producen cambios y caídas bruscas en el precio de la vivienda, su principal activo, lo que provoca graves caídas de consumo e inversión que afecta a la economía en agregado.

Sin embargo, y en contraposición a toda percepción general, los países nórdicos presentan cifras de endeudamiento y sobre endeudamiento de hogares y familias superiores a España (fuente: OCDE Wealth distribution database ).




La preocupación por cómo influye la desigualdad en la riqueza sobre el crecimiento económico de los países adolece de un problema, y es que casi toda la evidencia estudiada y analizada en la actualidad se refiere a la desigualdad sobre la renta, y que es sobre la que sí existe evidencia importante sobre su impacto negativo (informes más famosos aquí o aquí).

Ha sido recientemente cuando los investigadores han comenzado a estudiar su impacto de la desigualdad en la riqueza en el crecimiento económico a largo plazo, este último gran driver de la prosperidad de las naciones. No solo existe poca evidencia tan potente como la encontrada sobre la renta, sino que en la mayoría de los casos, los artículos de medios de prensa, divulgación o libros, referencian equivocadamente análisis de renta para explicar causas y consecuencias de la desigualdad en la riqueza, un error de primera magnitud.

Aún así, uno de los posibles aspectos negativos que puede provocar la desigual distribución en la riqueza viene explicado por la tesis de "acumulación de capital humano" de Galor y Zeira. En presencia de mercados financieros imperfectos, los individuos sin patrimonio pueden no elegir correctamente en qué activo invertir, como por ejemplo, en capital humano (educación), lo que impacta en menos ciudadanos con capacidad de generación de mayores rentas, y por tanto, menor capacidad del país para acceder a su crecimiento potencial en agregado.


Conclusiones.

El objetivo del presente artículo no es ni afirmar ni negar que la riqueza pueda o no ser un elemento distorsionador en métricas como crecimiento económico, igualdad de oportunidades, pobreza o prosperidad de las naciones en general, por citar cuatro ejemplos, sino tratar de aplicar el conocimiento científico y el sentido crítico existente en la actualidad.

Tanto la concentración de riqueza por una minoría, como la desigualdad en la riqueza (Gini), son datos que por si mismos no proporcionan información causal. Al igual que existen países con una muy elevada desigualad en la distribución de la riqueza, y elevados estándares de vida como son los nórdicos, también existe casos contrarios. o si se compara el 63,1% de Gini de Japón, con el 62,5% de Hungría, es evidente que tampoco se puede llegar a ningún tipo de conclusión causal rigurosa.

A modo de ejemplo ilustrativo de por qué la concentración per sé no es un indicador de depauperización y pobreza, el top 10% de ciudadanos de Estados Unidos concentra 75% de la riqueza de todo el país, por lo que es utilizado como paradigma a la hora de denunciar la acumulación de riqueza por una minoría. Esto sería un dato alarmante si no fuera porque son valores de concentración similares a países como Dinamarca (70%), y no a mucha distancia de Suecia (67%), países representativos de la prosperidad de las naciones del siglo xxi.

Las causas para la acumulación de riqueza por un lado, y la existencia de pobreza por otro, son múltiples, complejas, y multidisciplinares: factores como demográficos (edad), sociológicos (ratio individuos divorciados, viudedad, etc.), modelo del mercado laboral (rigideces, tasas históricas de desempleo, ratios de empleo parcial, etc.), educativos (distribución de los niveles educativos), desigualdad en la renta, coberturas y modelo del sistema sanitario, calidad de las instituciones políticas, calidad del modelo democrático, conocimiento financiero, modelo impositivo, programas antipobreza, ayudas a familias, sistema de pensiones, y un largo etcétera.

Sin embargo, como suele ser habitual en el debate público, la evidencia encontrada hasta la fecha no suele coincidir con el cauce del debate popular, mezclándose conceptos y definiciones que no permiten establecer puntos de partida y premisas solventes y razonadas. Y es esta confusión la que no permite construir conclusiones y políticas públicas basadas en la razón y la evidencia, en lugar de la emoción y la percepción. Y la pobreza es un problema de extremada relevancia como para ser abandonada al mundo irracional.