De acuerdo con los datos de PIB publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la economía española creció el 3,1% en 2017, con lo que suma cuatro años de recuperación y tres años consecutivos creciendo por encima del 3%. Los desequilibrios macroeconómicos han experimentado una corrección sobresaliente, sobre todo en endeudamiento privado, déficit por cuenta corriente, tasa de paro, estabilización de la deuda externa, o disminución de la mora bancaria, por citar los ejemplos más relevantes.

Las razones del crecimiento reciente en España son múltiples, y no atienden solo a causalidades únicas. Entre las más importantes pueden destacar el precio del petroleo, las políticas monetarias del BCE, la excelente salud de nuestras exportaciones, o la recuperación del comercio europeo e internacional . Y aunque un crecimiento económico sólido es necesario para el desarrollo económico, no siempre es suficiente.

Y no es suficiente porque este crecimiento económico también se está produciendo en un entorno de creación de empleo basado parcialmente en un modelo productivo de bajo valor añadido, en una proporción notable de empleo de alta rotación, temporalidad y bajo capital humano, que unido a una contención del crecimiento salarial en agregado, resulta en salarios y cotizaciones que no son ni las deseables ni las que necesita la sociedad.

En concreto, uno de los fenómenos que se utiliza como patrón de medida es el comportamiento de las compensaciones salariales (salarios y cotizaciones sociales a la seguridad social) desde el estallido de la crisis financiera. Mientras en 2008 el peso de las compensaciones salariales representaban el 50,15% del PIB, en 2017 cae hasta el 47,29%, su nivel más bajo desde 1989. Por el contrario, lo que comúnmente, pero equivocadamente, se denominan beneficios empresariales y/o rentabilidad del capital (excedente bruto de explotación (EBE) y rentas mixtas (RM)), pasa del 41,68% en 2010 al 42,43% en 2017.

Es en este entorno y contexto en el que la sociedad percibe con ciertas dudas el modo en que España crece en los últimos años. El imaginario colectivo entiende que existe un reparto desigual en la creación de riqueza, de un crecimiento de PIB que no devuelve a la sociedad los frutos del factor trabajo en forma de rentas salariales, y que por tanto, se está produciendo un trasvase desproporcionado del esfuerzo colectivo en forma de rentabilidad del capital, que podría estar cuantificado en un acumulado de más de 40.000 millones de € si se mantuvieran los pesos que existían de ambas rúbricas en 2008.

Y para analizar percepciones o interpretaciones no hay nada mejor que acudir a los propios datos de contabilidad nacional para verificar si se está produciendo este fenómeno y cuales son sus causas. Como ya se vió en artículos anteriores, el problema radica en cómo se interpreta la rúbrica EBE y RM. En lugar de bajar de nivel y desagregar con más detalle estos "beneficios empresariales", se interpreta que ambas rúbricas son retornos del capital, algo totalmente alejado de la realidad. En una primera aproximación, las RM son rentas generadas por los trabajadores autónomos, por lo que difícilmente se pueden interpretar como "beneficios empresariales" al uso.

Si se desgregan los años 2015, 2016 y 2017 para toda la economía (administraciones públicas, sociedades no financieras, instituciones financieras, hogares y familias, e instituciones sin fines de lucro), se puede observar un crecimiento del PIB nominal medio de 42.000 millones de € al año, o un crecimiento total de casi 126.000 millones de € en el periodo 2015-2017. Mientras las compensaciones salariales y las rentas de los autónomos han tenido un crecimiento acumulado de 58.600 y 13.300 millones de € respectivamente, solo el EBE sin RM ("beneficios empresariales" brutos para empresas financieras y no financieras) tuvieron un crecimiento acumulado de 38.500€ millones de €. El resto de rúbricas que completan el PIB son variables que no tienen relación con las rentas anteriormente mencionadas.




¿Son estos 38.500 millones de € retornos del capital netos? Si se quiere analizar con más precisión este fenómeno, lo interesante es bajar de nivel y desagregar el PIB para empresas, que es donde se centra el "retorno del capital". Como se observa a continuación, el crecimiento del PIB acumulado de las empresas no financieras (81.000 millones de €) representa el 64% del crecimiento del PIB de toda la economía desde 2015, y de los cuales 45.700 millones de € representaron las compensaciones salariales de trabajadores que tenían una relación laboral con este tipo de empresas.

El EBE creado por estas empresas (35.300 millones de €), que representa casi la totalidad del EBE para toda la economía, se destinó a rúbricas como pagar intereses de su deuda privada, pagar el impuesto de sociedades, devolver el principal de su deuda privada, o inversión en nuevo equipamiento e i+d+i. La partida que verdaderamente representa la "rentabilidad del capital" sería la rúbrica dividendos distribuidos, y que como se puede observar, presenta una variación neta negativa de -10.300 millones de € para todo el periodo 2015-2017.




Por último, el PIB generado por las sociedades financieras es mucho menos representativo que la anterior, ya que apenas alcanza un crecimiento acumulado de 3.800 millones de € en el periodo 2015-2017, o el 3% del crecimiento de PIB de toda la economía. Como se puede observar, caen en este sector tanto la remuneración de los asalariados, como los diviendos distribuidos netos (-1.760 millones de €). El resto de partidas también tienen un comportamiento dispar, y en el que sobresalen el pago del principal e intereses de la deuda privada contraida por estas sociedades.




Las estadísticas anteriormente mencionadas son compatibles con muchos otros fenómenos de nuestra economía. Es cierto que existe evidencia internacional de que las rentas salariales están perdiendo peso en el reparto de la riqueza de los países desde hace décadas, aunque cada vez más estudios comiencen a indicar que las mediciones se están haciendo de manera poco cualitativa.

También es cierto que aunque la recuperación económica se esté produciendo en términos macroeconómicos, no está llegando a muchos colectivos desde el punto de vista de la microeconomía. La rotación del número de contratos, la caída de los salarios iniciales, la desigualdad relativa, la temporalidad o la precariedad laboral, todavía están a niveles inaceptables para ser la cuarta economía de Europa.

Sin embargo existen dudas razonables a la hora de analizar cómo se están repartiendo los beneficios del crecimiento económico estos tres últimos años entre trabajo y capital. Aunque la supuesta caída de las compensaciones es un fenómeno secular e internacional, a nivel particular no se puede afirmar que la recuperación no se esté compartiendo con los trabajadores, ya que de los 126.000 millones de € de crecimiento acumulado entre 2015 y 2017, 72.000 millones de € (57% del total) han sido remuneraciones salariales de trabajadores y rentas de autónomos que principalmente han ido a remunerar a quienes han encontrado empleo en este periodo.

Por otro lado, no solo es difícil afirmar que 38.500 millones de EBE bruto acumulado en el periodo 2015-2017 (el 30% del crecimiento acumulado total) sean cifras que evidencien una apropiación desproporcionada por parte de las empresas. También lo es interpretar EBE como "rentabilidad del capital" en términos netos y finales, cuando esta partida se destina al pago de múltiples partidas, como impuesto de sociedades, inversión, amortización de deuda privada, o contabilizar rúbricas que no tienen contrapartida monetaria real, como rentas imputadas (los hogares y familias propietarios de una vivienda computan como el pago de un alquiler virtual) o depreciación de capital (el valor que pierde el capital con el paso del tiempo también se contabiliza en el EBE).

La partida que verdaderamente podría interpretarse como rentabilidad del capital son los dividendos distribuidos, que es el retorno que realmente obtienen y rescatan cada año los propietarios de este capital a través del IRPF, y sobre los que se aplican los impuestos sobre el ahorro (tramos del 19%, 21% y 23%). Aunque sí es cierto que han crecido a lo largo de todo el periodo 2008-2017, estos tres últimos años han experimentado una variación neta negativa de -12.000 millones de €, es decir, no ha aumentado su participación en la tarta de la nueva riqueza generada en estos tres últimos años.

Por tanto a modo de conclusión, y de acuerdo a estadísticas oficiales, existen ciertas dudas para afirmar que la clase trabajadora no se está beneficiando del crecimiento económico reciente, ya que no solo son quienes tienen una mayor participación del incremento de riqueza del PIB, sino que todos los beneficios empresariales brutos (EBE) se utilizan para seguir recapitalizando el modelo productivo (sanear el balance de las empresas existentes, o a la creación de nuevo tejido productivo), y no a retribuir a los propietarios del capital.


Como siempre, agradecimientos por la ayuda aportada tanto a Javier G. Echegaray como al excepcional grupo de pensamiento económico Thinknomics.