Una de las cuestiones centrales en el debate actual sobre el impuesto de sucesiones y donaciones en los países occidentales es la percepción ciudadana de la existencia de una clase social en la parte alta de la distribución de rentas que obtiene su riqueza a través de productos pasivos pertenecientes al mundo del capital en lugar del mundo del trabajo.

Esta percepción se refleja en conclusiones de economistas de la talla de Thomas Piketty, Emmanuel Saez and Gabriel Zucman, y que lo resumen a modo de conclusiones en su último trabajo "Distributional National Accounts" [1], “a diferencia de otras décadas, el incremento en la concentración de rentas en la parte alta de la distribución en los últimos 15 años es producto de un boom de las rentas del capital generadas por acciones y bonos".

Se podría afirmar que la acumulación por parte de los individuos pertenecientes al top 1% de la sociedad no es producto de rentas del trabajo, sino producto de una élite de propietarios de capital físico y financiero que lo utilizan como mecanismo de perpetuación de clase, una oligarquía que hace uso de su influencia política para generar mercados cautivos, monopolios de mercado para su control y enriquecimiento personal.

Sin embargo, aunque existe cierto grado de veracidad en lo expuesto anteriormente, la percepción no es regla, y la ciencia económica, como cualquier otro área perteneciente a la ciencia en general, está sujeta a una constante revisión que la permite ajustar sus conclusiones a la luz de nueva y cada vez más exacta evidencia empírica. Y es así como Matthew Smith (U.S. Treasury), Danny Yagan (Berkeley), Owen Zidar (Princeton) and Eric Zwick (Chicago) [2] desagregan la distribución de la renta para las rentas más altas de Estados Unidos, encuentrando profundas incoherencias relativas a las conclusiones anteriormente citadas por parte del equipo de trabajo de Piketty et al.

¿Y qué encuentran? Como puede verse a continuación, se debe desagregar hasta el grupo de ciudadanos pertenecientes al 0.01% de la población para encontrar rentas empresariales (~50%) que superen a rentas del trabajo (~40%) con respecto al total de rentas declaradas a la hacienda norteamericana. También es interesante resaltar que únicamente en torno al 15% son fruto de capital pasivo, es decir, inversiones que se reproducen a sí mismas por interés compuesto, como pueden ser acciones, bonos o inmobiliario, por citar tres ejemplos.




Estas rentas empresariales (pass-through business income) provienen mayoritariamente de trabajadores pertenecientes a población activa entre 40 y 60 años ...




... que pertenecen a sectores productivos de alto capital humano ...




... y que compiten en mercados de empresas de tamaño intermedio con beneficios entre 1 y 500 millones de $.




Sin embargo, lo más relevante del estudio de estos cuatro economistas es la radiografía que se realiza precisamente de estas rentas empresariales, intentando analizar qué porcentaje de estas son fruto del capital humano (K), y no del físico o financiero. Y la evidencia encontrada es que el 75% de las rentas empresariales de los ciudadanos que declaran más de 1 millón de $ en beneficios (pass-through income) desaparecen cuando el propietario de la empresa fallece o se retira.




O dicho de otra manera, el 77% de las rentas del top 1% de la sociedad, el 71% de quienes tienen beneficos de más de un millón de €, y el 69% del top 0.1%, serían realmente rentas del trabajo, es decir, rentas cuyo origen es capital humano, conocimiento y know-how del propietario, lo que estaría en línea con otros muchos trabajos asentados en la ciencia económica actual relativos a teorías como globalización, cambio tecnológico y crecimiento de la demanda de trabajadores élite en conocimiento y expertise.




Como se indica por parte de estos economistas, la empresa tipo cuyo propietario pertenece al top 0.1% de la sociedad es una empresa regional con 20 millones de $ en ventas y 100 empleados, como puede ser un dealer compra/venta de vehículos, un distribuidor de bebidas, o un despacho de abogados de prestigio.

Los ciudadanos que pertenecen al grupo top 1% de la sociedad, y que representan los propietarios de casi el 40% de toda la riqueza de Estados Unidos, no solo obtienen sus rentas de empresas tipo como servicios profesionales (arquitectos, nuevas tecnologías, consultoría, etc.) o relativas al mundo de la medicina (doctores, dentistas, fisioterapeutas, etc.), sino que en un 90% de los casos provienen de familias que pertenencen al bottom 99%, y en más del 90% sus empresas no tienen ningún tipo de relación con la de sus progenitores.




La radiografía del millonario norteamericano pone de manifiesto la gran divergencia existente entre la realidad a la luz de los datos y la evidencia empírica, y la percepción del imaginario colectivo de una clase social que no solamente no trabaja, sino que obtiene todas sus rentas gracias a sus activos físicos, financieros y conexiones políticas.

Esto no significa que no existan casos que no confirmen la regla. Como muy bien apuntan los autores, los beneficios en el top de la distribución pueden ser no solo socialmente óptimos, o que parte del éxito se base en las redes personales familiares, sino que parte de su capital humano (K) también pueda ser el resultado de conexiones políticas que permitan secuestrar las administraciones públicas en favor de privilegios en contratos públicos, por citar un ejemplo de corrupción.

Aún así, a la luz de cómo se está repartiendo trabajo y capital en el presente siglo, y como se ampliará en próximos artículos, puede que el impuesto sobre herencias y donaciones pueda empezar a dejar de ser una herramienta eficiente a la hora de crear sociedades donde sus ciudadanos puedan partir con una mejor igualdad de oportunidades.


Notas: