Universidad de Harvard.


Programas de impago de deuda estudiante.

Al igual que sucede con los programas de segunda oportunidad al que se pueden acoger las empresas que entran en quiebra, el gobierno de Estados Unidos proporciona un programa específico de impago de la deuda para determinados ex estudiantes que, una vez se incorporan al mercado laboral, y cumplen una serie de requisitos, se conviertan en elegibles. Es decir, el gobierno americano permite la reestructuración o la eliminación de la deuda estudiante bajo determinadas condiciones.

De acuerdo al estudio de Jason Iuliano sobre una muestra nacional significativa de peticiones de bancarrota, los jueces aceptaron la petición del 40% de los estudiantes que pidieron ser aceptados en un programa de impago de su deuda universitaria. La llave del éxito fue la exposición de condiciones de impago objetivas, como no tener expectativas de obtener un empleo a corto y medio plazo. El estudio también encuentra un dato sorprendente, y es que solo el 0.1% de individuos que solicitan un programa de bancarrota en general, incluyen su deuda universitaria particular.

Este hecho estaría en línea con la evidencia encontrada en el informe de ACCT, la asociación sin ánimo de lucro más importante de Estados Unidos para community collegue. Entre sus conclusiones más importantes destaca el 43% de estudiantes que, cuando llega el momento de declararse en impago, no tratan de buscar alternativas, como la reestructuración, aplazamiento o prórroga. La causa principal, el complejo entramado burocrático y falta de información.

Por último, la Federal Student Aid no solo permite programas de quitas de deuda total o parcial para quienes trabajen como profesor, entren en el servicio militar, o realizen tareas en organizaciones sin ánimo de lucro, sino hasta siete programas de refinanciación diferentes que pueden consultarse en el siguiente simulador proporcionado por el Ministerio de Educación estadounidense (hacer click en Proceed).


Asimetrías de la información.

Otro de los grandes inconvenientes a la hora de elegir universidad son las condiciones de información asimétrica a las que se enfrentan las familias a la hora de elegir universidad y tomar una decisión financiera adecuada. Las familias no tienen toda la información necesaria a la hora de decidir si ir la universidad les permitirá vivir una vida mejor, o si obtendrán un salario superior con respecto a quienes no tienen esa oportunidad. ¿Cuáles son los costos netos? ¿y los gastos? ¿cuál será el salario y el retorno de inversión una vez se gradúen? ¿cuánto es el nivel de deuda óptima? ¿se podrá devolver en cuotas cómodas?

Recientemente, la administración Obama, el Ministerio de Educación y el Departamento del Tesoro americanos, combinaron información a escala masiva cruzando datos desde 1996 relativos a ayudas públicas, créditos estudiante y declaraciones de la renta, lo que proporciona información mucho más nítida para cada universidad de cuánto son los costos netos anuales, el ratio de graduación, porcentaje de alumnos que consiguen pagar su crédito estudiante, o el salario mediano 10 años después de terminar la etapa educativa. En definitiva, la administración pública trata de proporcionar más información que minimice esta asimetría de información para que las familias puedan tomar una decisión más óptima.

De este volumen de información masivo se pueden obtener varias conclusiones de las múltiples posibles. En primer lugar, la evidencia indica que existen multitud de universidades que no solo son capaces de crear valor para sus estudiantes, permitiéndoles alcanzar salarios medianos entre $55.000 y $92.000 10 años después de terminar la carrera, sino que lo consiguen con costos netos finales inferiores a $8.000 (descontando las ayudas públicas y privadas). O dicho de otra manera, es perfectamente posible estudiar una carrera universitaria que cree valor para el estudiante sin acumular grandes deudas.

En segundo lugar, en contra posición a la percepción popular, las familias que oficialmente se catalogan dentro del rango de pobres, no tienen inconvenientes financieros (aunque evidentemente sí académicos) para poder acceder a las universidades más prestigiosas del mundo, como Harvard, Columbia, Standford o MIT, gracias a las muy generosas ayudas proporcionadas por la propia institución. En concreto, y de acuerdo a las estadísticas oficiales del Ministerio de Educación, las familias con rentas inferiores a $30.000, tenían un costo neto final de $3.897 en Harvard, $8.086 para Columbia, $3.516 para Stanford, o $5.554 para MIT.

Por último, gracias tanto a esta base de datos, como al macro estudio realizado por PayScale, una de las firmas de investigación salarial más importante de Estados Unidos, se puede verificar que los beneficios futuros potenciales de una carrera universitaria no se reparten igualitariamente entre todas las especialidades. Mientras ingeniería y ciencias de la computación alcanzan un retorno de inversión del 12% anual, algunas carreras de arte estarían dando retornos negativos. O dicho de otra manera, sí existirían estudiantes que ven como su carrera universitaria no les proporciona el valor y demandada de mercado que ellos esperaban al empezarla.



Gráfico por The Economist


¿Encuentran los universitarios un trabajo acorde a su educación?.

Como ya se adelantó en la introducción, un fenómeno al que se le está proporcionando una atención extra es el relativo a las estadísticas de subempleo en Estados Unidos, es decir, aquellas personas que no encuentran trabajo en aquello que han estudiado, y que trabajan en un puesto que no requiere de las habilidades y capacitación de un universitario, y que ya superaría la cifra del 40% del total.

Para analizar este dato de subempleo, primero es necesario establecer el punto de partida con el que poder comparar y medir el fenómeno. De acuerdo a las estadísticas oficiales de New York FED (ver figura siguiente), el nivel de desempleo para aquellos trabajadores con educación universitaria alcanza el 2.6% en 2016. Podría decirse que el problema no es encontrar empleo, sino que esté acorde a las expectativas pasadas.




Tampoco parece ser un problema el salario mediano ($43.000), o el salario del Top 75% ($60.000), entre los recién licenciados que se incorporan al mercado laboral entre 22 y 27 años en 2015, aunque sí una remuneración posiblemente baja para el bottom 25% ($31.200), que se encuentrarían cercanos al salario mediano de aquellos trabajadores que solo tienen una formación en educación secundaria (ver figura siguiente).




Sin embargo es gracias a este mismo análisis realizado por parte del Banco Central de New York, que se puede analizar este problema con una mayor nivel de resolución, y por tanto, encontrar respuestas más precisas al fenómeno del subempleo. En la siguiente figura se desagrega a los trabajadores con formación universitaria en cuatro grupos.

Aquellos trabajadores con formación universitaria entre 22 y 65 años que están empleados en trabajos no universitarios, y de bajos salarios (menos de $25.000 anuales), alcanzaba un ratio de 7.6% para toda la distribución en 2016. Por el contrario, el porcentaje de aquellos que trabajaban en empleos no universitarios, pero con buenos salarios (más de $45.000 anuales), alcanzaba el 44%.




Sin embargo, es en el último apartado del presente estudio donde se encuentra la razón y causa del porcentaje de subempleo americano. En la figura siguiente se presenta el estado del mercado laboral americano filtrado por porcentaje de subempleo y tipo de especialidad universitaria. Mientras determinadas especialidades como enfermería, educación especial, ingeniería química o ingeniería informática, presentan datos de subempleo inferiores al 20%, y con salarios medianos a medio plazo por encima de los $50.000, otras carreras como bellas artes, artes escénicas, policía, o antropología, por citar algunos ejemplos, presentan cifras de subempleo similar o superior al 60%.




Es por tanto evidente que el análisis del nivel de subempleo en Estados Unidos es más complejo de lo aparente, y menos dramático de lo publicitado. Si se profundiza en datos, estudios y estadísticas oficiales, aunque la población sub empleada alcanza el 40%, no queda claro que compatibilizarlo con un salario de más de $40.000 anuales pueda considerarse un problema serio para la sociedad americana. Si se analiza con mayor precisión, quienes más podrían estar sufriendo son el 7 % de ciudadanos que tienen estudios universitarios, que tienen un trabajo que no requiere de su capacitación teórica, y cuyos estudios no cumplen con las expectativas de demandada por parte de la sociedad en general.


Una vez se han abordado en los tres primeros capítulos los aspectos más importantes relativos a Estados Unidos y su modelo universitario, en el cuarto y último se procederá con las conclusiones.