Universidad de Stanford.


Un análisis con más precisión.

El informe Student Loan Borrowing and Repayment Trends realizado por la Reserva Federal de New York para 2015, así como el informe Trends in Student Aid de college board, y American Institutes for Research, desagregan y diseccionan con mucha más precisión los datos y estadísticas para Estados Unidos, proporcionando una visión mucho más cualitativa del problema en cuestion.

En primer lugar, el 53% de los estudiantes que terminaron su carrera en 2009 tuvieron que pedir créditos a lo largo de su etapa educativa, 6 puntos más que quienes terminaron en 2001. La tendencia muestra una evidencia clara, y es que son las instituciones privadas quienes han visto aumentar el número de estudiantes que piden más crédito, alcanzando entre un 86% y 87% de sus estudiantes.




Si se desagrega la deuda acumulada por tipo de universidad para aquellos estudiantes que finalizaron su etapa educativa, las instituciones públicas y privadas sin ánimo de lucro eran las que menos deuda acumulaban, con las primeras alcanzando un 34% de estudiantes con cero deuda. Por el contrario, los centros privados con ánimo de lucro eran quienes acumulaban perfiles de deuda más elevada, con un 48% de estudiantes con deudas superiores a $40.000.




Si los datos se analizan desde la perspectiva de la distribución por rango de deudas, se puede observar que de los 43 millones de ciudadanos americanos con deuda estudiante al final de 2014, casi el 70% corresponden a deudas menores a $25.000, siendo la deuda mediana (justo la que está en mitad de toda la distribución) en $26.700, y la media en $14.400. El 18% de la deuda total americana corresponde a balances entre $25.000 y $50.000, y solo el 4% tiene deudas superiores a $100.000.




Si se quiere desagregar por tipo volumen de deuda nominal y tipo de institución, en el curso 2013-14 la deuda media acumulada para alguien que terminaba su carrera universitaria de 4 años en una institución pública era de $15.200, mientras que en una institución privada ascendía a $19.300. Se puede observar que la tendencia de esta última es de estancamiento, mientras que las públicas es creciente desde 2007-8, lo que indicaría un posible trasvase de estudiantes desde un tipo de institución a otra.




En 2015 solo el 14% de quienes tenían un crédito estudiante federal estaban en situación de impago. Del 84% restante, el 50% estaban pagando, y el 36% no tenían que pagar por algún motivo, como por ejemplo, estar todavía estudiando. De acuerdo con el estudio realizado por Adam Looney and Constantine Yannelis, se encuentra evidencia estadística que el grueso de esa minoría en retraso en pagos ("delinquency rate") e impagos ("default rate"), se da en las instituciones privadas. En 2011 el 70% de los defaults se produjo en instituciones privadas con ánimo de lucro.




El perfil de quienes entraban en el programa de impago de deuda es diferente en función de quienes terminaban la carrera universitaria, y quienes no la terminaban. Solo una media del 9% de quienes terminaban la carrera se declaraban insolvente en el curso 2011-2012, mientras que quienes no la terminaban alcanzaba una media del 24%. El resto se reparte entre otras clasificaciones y status.




Por otro lado, el tiempo que invierten los estudiantes en terminar la carrera está directamente correlacionado con la cantidad de deuda acumulada. Entre aquellos estudiantes que terminaban la carrera en cuatro años en el curso 2011-12, el 81% finalizó con una deuda menor a $30.000. Por el contrario, el perfil de quien tarda más es creciente. Para el caso de quienes terminan la carrera en 10 años, el 45% tenía una deuda acumulada de más de $30.000.




De acuerdo a Gladieux y Perna, los factores de riesgo y razones más importantes para explicar el aumento de estudiantes que piden créditos y abandonan la carrera, son quienes retrasan la entrada en la universidad, quienes se matriculan a tiempo parcial, o quienes compatibilizan los estudios con un trabajo. Las razones para los tres casos puede ser básicamente ahorrar más dinero para así pedir menos crédito, sin saber que es esta situación la que se convierte en un factor de riesgo de impago en el futuro.




Si la distribución de la deuda total estudiante se desagrega por la condición socioeconómica familiar, se puede observar que casi la mitad de toda la deuda total americana pertenece a estudiantes cuyas familias están en el top25% de la población.




La percepción general de las universidades privadas es la de instituciones elitistas e inaccesibles para aquellos estudiantes pertenecientes a familias de rentas bajas. Sin embargo los datos oficiales ponen en cuestión esta percepción. En carreras universitarias de cuatro años pertenecientes a instituciones privadas, a las familias de rentas más bajas (menor a $30.000 anuales) el 56% de las ayudas la proporcionaba la propia universidad, en contraposición a las universidades públicas, con solo el 17%. En términos nominales, mientras las ayudas totales en instituciones privadas era de $22.830, en las instituciones públicas era solo de $9.830.




Finalmente, también es interesante desagregar la deuda total por raza. La percepción general podría estar sesgada hacia la opinión de que ciudadanos de raza asiática, negros e hispanos, tendrían deudas acumuladas muy superiores a los individuos de raza blanca. Sin embargo los datos oficiales vuelven a desmentir las percepciones generales. La raza asiática no solo es quien termina su etapa universitaria con un mayor porcentaje de estudiantes sin deuda (43%), y mayor porcentaje de estudiantes que terminan en cuatro años (46%), sino que lo hacen viviendo en familias con estatus socioeconómico similar a negros e hispanos (ver tabla anexa a Figura 18 del presente informe).





Una vez se ha profundizado en datos y estadísticas con el que analizar la relación entre universidad y deuda de los estudiantes americanos, en el siguiente capítulo se abordarán aspectos importantes que dan forma al mito, como la imposibilidad de liberarse de la deuda estudiante (los programas de impago de deuda), asimetrías de información que no permiten una decisión financiera óptima, o los niveles de subempleo entre la población universitaria.