El Estado alcanzó su máximo histórico de recaudación del Impuesto de Sociedades en el año 2007 y todavía no ha conseguido superar esta cifra, a pesar de que el PIB ha superado ya los niveles previos a la crisis, y de que muchos de los tributos sí que están en su nivel máximo de recaudación.

El esfuerzo fiscal exigido a las familias no ha sido suficiente para compensar el hundimiento del impuesto sobre sociedades, lo que provoca la construcción de una narrativa de sacrifícios asimétricos en la salida de la crisis, de supuestos privilegios fiscales que, de ser ciertos, representarían una injusticia social de primera magnitud.




El número de estadísticas que se pueden construir a partir de los datos que ofrece la Agencia Tributaria [1] es muy amplio, y en todos y cada uno se pueden encontrar comportamientos que supuestamente consolidarían una determinada narrativa popular.

Por ejemplo, mientras los beneficios empresariales brutos (resultado contable positivo) de todas las empresas del país (PYMES, grandes empresas y consolidadas) están en máximos históricos, la base imponible consolidada (sobre la que se calcula cuántos impuestos pagar), y la recaudación efectiva (desde donde se calcula el tipo efectivo), siguen todavía a mucha distancia de los valores pre crisis.




También se puede encontrar otro gap si se analiza la evolución de los beneficios empresariales brutos de todas las empresas del país con respecto al tipo efectivo sobre resultado contable positivo (RC+). Mientras los beneficios nominales recuperaron y sobrepasaron los niveles pre crisis con 220.381 millones de € en 2017, el tipo efectivo sobre RC+ continua en niveles de 2009, y sin signos de recuperación.




Si se hace zoom exclusivamente sobre las grandes empresas consolidadas, la foto sigue teniendo el mismo patrón. En 2017 recuperan los beneficios empresariales brutos hasta alcanzar los 111.778 mil millones de €, pero el tipo efectivo sobre RC+ sigue sin alcanzar valores pre crisis con un 6.14%




A simple vista, y sin profundizar en los datos, es evidente que existe un gap entre los beneficios empresariales brutos y la recaudación efectiva por parte de la Agencia Tributaria. Pero si en lugar de quedarse en la superficie aumentamos la resolución sobre los datos y estadísticas, se pueden encontrar causalidades y razones mejor fundamentadas, y en caso de encontrar inconsistencias o injusticias, poder diseñar mejores políticas públicas.

En primer lugar la razón por la que tipos efectivos están tan bajos (apenas un 10% en 2017 para todas las empresas - un 6.14% para grandes empresas consolidadas) es estar haciendo estadísticas y gráficas con el tipo efectivo sobre RC+. Como ya se explicó en artículos anteriores, este tipo presenta un efecto composición que no da un cuadro real de qué está sucediendo.

A modo de ejemplo ficticio, supongamos una persona que durante sus viajes a lo largo de un año compra 100 libros a 1$ cada uno, todos tributan a un IVA del 20%, pero solo 50 de ellos se compraron en España. El "tipo efectivo sobre RC+" diría que esta persona solo pagó en nuestro país un 10% en impuestos (10$ pagados como IVA en España con respecto a los 100$ comprados en libros), mientras el "tipo efectivo sobre base imponible" alcanzaría un 20%, dato más acorde con la realidad en nuestro país (10$ en IVA con respecto a los 50$ en libros comprados en España).

Si queremos saber cuánto se paga efectivamente en España, la mejor opción es usar el tipo efectivo sobre base imponible (BI), que es cuando se cuadran las cuentas principalmente después de las exenciones de doble tributación en otros países y las consolidaciones, y que como se puede apreciar se ha comportado notablemente bien durante la crisis y el ciclo económico.




Sin embargo para encontrar la causalidad de más bajo nivel se debe navegar con escuadra y cartabón sobre los datos de mayor rigurosidad que se pueden encontrar en España y Europa, como son las estadísticas de Contabilidad Nacional (INE) [2]. Los datos de la Agencia Tributaria son excepcionales, pero solo para saber qué está sucediendo desde un punto de vista contable, pero no cómo y por qué se están asignando los recursos del modelo productivo.

Cuando se utilizan expresiones como beneficios empresariales brutos, la misma palabra lo indica: son valores brutos. Desde el punto de vista de Contabilidad Nacional a estos beneficios se denominan EBE o Excedente de Explotación Bruto. Sí, son beneficios empresariales, pero no los que el imaginario colectivo entiende como capital (diviendos) que rescata el propietario de una empresa para ahorro y consumo privado, sino una rúbrica compuesta a su vez de multitud de subpartidas, como pueden ser inversión en bienes de equipo, en i+d+i, o amortización de deuda, entre otros.

Como ya se profundizó en otro artículo, la cabeza de León se encontraría haciendo zoom sobre los 81.000 millones de € de PIB acumulado de empresas no financieras durante el periodo de crecimiento 2014-2017. Mientras la remuneración de asalariados e impuestos indirectos representaron casi 46.000 millones de € (básicamente generados por nuevo empleo neto), los beneficios empresariales brutos ascendieron en torno a 35.300 millones de €. Como se puede apreciar en el acumulado, si se quería aumentar la recaudación por IS durante la expansión económica, deberían haber disminuido las únicas partidas que crecen durante este periodo, como salarios de los trabajadores, inversión o devolución deuda privada.




También es interesante analizar cómo diverge la evolución de los dividendos distribuidos de los propietarios de las empresas con respecto a la recaudación de impuestos. A partir de 2007 los dividendos continuan su senda de crecimiento, pero no así los impuestos. ¿Podrían haber moderado la distribución de dividendos? probablemente sí, aunque no ha sido un comportamiento uniforme en toda Europa. Mientras países como Alemania, Francia, Italia o Holanda todavía no han recuperado los valores pre crisis, otros países como Suecia, Inglaterra, Irlanda o Dinamarca han tenido un comportamiento similar a nuestro país.

Aún así no es menos cierto que todos estos dividendos distribuidos son valores brutos, de tal manera que cuando sus propietarios proceden a rescatarlos, primero deben ser declarados través del IRPF en la base liquidable del ahorro, y tributar entre un 19%, 21% y 23% como muy bien sabe cualquier autónomo o propietario de una PYME. O dicho de otra manera, en términos efectivos la distribución de dividendos en España estaría tributando a un tipo muy similar al Impuesto de Sociedades sobre BI.




Por último es necesario realizar una comparativa internacional y verificar qué está ocurriendo con la recaudación de IS en el resto de Europa. A continuación se presenta la ratio de IS con respecto al PIB generado por todas las empresas no financieras de cada país para el año 2016 [3]. Mientras en España se recaudaron en torno a 20.000 millones de € de un VAB/PIB de 605 mil millones (3.4%), en otros países de Europa la recaudación fue muy superior. Si quisiéramos estar a niveles similares de Alemania, Inglaterra o Suecia (4%), necesitaríamos recaudar 0,6 puntos porcentuales más, es decir, en torno a 4.000 millones más.




A modo de conclusión, el objetivo del artículo no es afirmar o negar que un tipo del 10% o del 20% es mucho o poco, o si las empresas deberían contribuir con más impuestos al erario público. Desde el blog se continúa con la línea de dejar estas cuestiones a las decisiones que se tomen a través de los cauces de las instituciones y la democracia.

El objetivo es querer aplicar el sentido crítico y buscar si los eslóganes y memes que inundan las redes sociales y medios de comunicación en relación a supuestos privilegios fiscales responden a una realidad rigurosa. Establecer unas bases empíricas desde donde poder debatir sobre políticas públicas y que éstas puedan ser efectivas.

Sin embargo querer que España recaude niveles similares a los tiempos del pico de burbuja inmobiliaria (40.500 millones de € en 2006) sin cambiar radicalmente el modelo productivo, no parece una tarea asequible. Es matemáticamente cierto que las empresas españolas presentan un tipo efectivo sobre RC+ muy bajo en 2017 si se compara con 2006 (6.14% las consolidadas, 15.40% las no consolidadas, 10.18% de media total), pero este resultado es consecuencia de estar utilizando una métrica equivocada que no da información real, y que es interpretada como "privilegio fiscal" por ser muy inferior a lo que puede tributar un trabajador por rentas del trabajo.

La realidad es que esta métrica tiene un efecto composición derivado del crecimiento espectacular de beneficios que las PYMES y multinacionales llevan realizando fuera de nuestro país, y que hace que las exenciones por doble imposición hayan crecido espectacularmente desde 2006. Si se quiere un cuadro más fiel de cuánto pagan en España, la mejor métrica es el tipo efectivo sobre base imponible, y que presenta cifras entre un 19% y un 21% en 2016 para consolidadas y no consolidadas respectivamente.

Por otro lado, los dividendos distribuidos no sufrieron con la misma intensidad el ciclo económico, lo que a posteriori sugiere que podrían haberse limitado para mejorar las cifras de IS. Sin embargo este tipo de afirmaciones deben ser justificadas, ya que no quedan claras dos cuestiones. Por un lado se estaría presuponiendo que disminuir dividendos implicaría un aumento exclusivo de la rúbrica de IS. Por otro lado, tampoco queda claro que se recaudara más que a través de la tributación por rentas del ahorro.

Por último, si queríamos políticas públicas que apretaran la tributación de las empresas durante la recuperación, debió ser a costa de disminuir inversión para su recapitalización, desapalancar menos deuda privada, o contratar menos trabajadores, estas tres últimas posibles razones por las que no estamos en la media de Europa en recaudación con respecto al VAB/PIB.

Por tanto afirmar que no todos los agentes económicos contribuyen al sostenimiento del Estado del Bienestar igual que hacían antes del estallido de la crisis, no está basado y fundamentado en datos rigurosos. Por un lado es difícil afirmar esto cuando durante la fase expansiva del ciclo más de la mitad de su PIB (46.000 millones de €) ha ido a parar a sueldos, salarios y cotizaciones de los trabajadores. Por otro es estar justificando esta narrativa utilizando métricas equivocadas sin estudiar el sustrato del modelo productivo, en cómo se está utilizando y repartiendo la tarta de recursos para encontrar causalidades con mayor resolución.

No se niega que puedan existir privilegios fiscales a determinadas empresas, que éstas no deban aumentar su progresividad, luchar contra la elusión y fraude fiscal, o que no se deba analizar con mucho más detenimiento las partidas de exenciones por doble tributación y consolidaciones para mejorar la recaudación por Sociedades. Pero para diseñar políticas públicas justas y efectivas que nos aproximen a países como Suecia o Alemania, deben estar fundamentadas en la razón, en la escuadra y el cartabón, y no en supuestos privilegios fiscales basados en mitos y emociones ideológicas.



Bibliografía: